En Buenos Aires se realiza la primera transfusión indirecta
Luis Argote y E. Merlo la ejecutan en noviembre

Hustin publica en 1914 una nota en la Real Sociedad de Ciencias de Bruselas sobre un método para realizar transfusiones de sangre, pero sus anotaciones nunca las llevó a la práctica. También logró demostrar el papel anticoagulante del citrato de sodio y de la glucosa.

Con estos primeros pasos teóricos, los doctores argentinos Luis Argote y E. Merlo realizan en noviembre de 1914, en la Clínica Médica de la Universidad de Buenos Aires, la primera transfusión indirecta con la sangre donada por un ciudadano. Según comunica el propio Argote en La Revista Médica del Uruguay, "nuestro método es el de la transfusión mediata; tomando sangre de la vena en el pliegue del codo del donante, es recogida en un recipiente o aparato de dermoclisis conteniendo una solución de citrato neutro de soda al 25%, en la proporción de 1 gr por 100 de sangre.

"Esta mezcla hace la sangre incoagulable, sin que pierda sus cualidades vitales y, como el citrato neutro de soda es inofensivo para el organismo en dosis mucho mayores, se puede inyectar la mezcla al enfermo con facilidad, sin peligro alguno, en las venas del antebrazo por medio del mismo aparato y como cualquier otra inyección endovenosa. La propiedad anticoagulante de la sal de sosa convierte a la transfusión de sangre en una sencillísima operación al alcance de todo el mundo, suprimiendo definitivamente los peligros hasta hoy ofrecidos por este eficaz recurso.

"Por otro lado, reducida la adquisición de sangre a una simple picadura de una aguja de platino (con 1 mm de diámetro es suficiente), siguiendo el procedimiento común de la sangría, nadie tendrá inconveniente en ceder una cantidad determinada, ni temor de sufrir durante algunos días las consecuencias de su generosa acción. Aún más: convencidos como lo estamos de su inocuidad, la transfusión en esta forma debe entrar en la práctica corriente de la asistencia médica en los casos en que está indicada y, en momentos de guerra como en los actuales, constituirá el recurso supremo para combatir las grandes pérdidas de sangre.

"Puede objetarse a nuestro método el empleo de la sangre venosa en vez de la arterial, pero esto no tiene valor. Recordamos que al emplearse en el método antiguo la anastomosis arteriovenosa, no se ha tenido en cuenta la naturaleza de la sangre, sino que se ha buscado aprovechar la fuerte presión arterial, indispensable desde el momento de tratarse de una transfusión directa".